Otra vez te traigo aquí.
Oigo latir tu corazón de memoria y me parece increíble que esa máquina perfecta pueda andar sin que yo le dé cuerda..., yo que te hice, yo que tocaba tu mejilla, para que no dejaras de succionar cuando te daba el pecho, yo que te llevé frente a un espejo y te mostré tu imagen: "Esa es mi solcito..., esa es la nena más linda del mundo..., la nena de mamá y papá"; yo que aplaudí tus primeros pasitos para quitarte el miedo (mientras calculaba las distancias de las puntas de la mesa y todo lo que pudiera hacerte daño, para salir corriendo en tu ayuda si tu bamboleante cuerpecito se les acercaba peligrosamente) y te enseñé a tomar la cuchara, a sorber del vaso, a moverte con cierto sentido.
Pero tu cuerpo nació sabiendo vivir. Y no tengo que darle cuerda a tu corazón, ni hacerle fuelle a tus pulmones ni gritarle a tu sangre que corra por tus venas.
Y tus pensamientos, mi nena, corren también, como tu sangre, libres, son que pueda mirarlos uno a uno como estampas de un libro y clasificarlos para tirar los tristes y feos al canasto.
Los que vos me contás, los guardo en mí: tengo una estampa de oro con una niña abrazando a su mamá. La mamá se emociona porque la niña le dice: "cuando estoy en la escuela te extraño... y me acuerdo de vos".
Te reís, eh?, porque la mamá tiene el pelo lacio y lleva mi nombre y la nena aborrece las tablas de multiplicar, las mentiras y la rutina...
Sí, me acuerdo de vos: cuando escribo con tinta roja pienso en las veces que te mandé a lavar la carita porque se te había dado por jugar con mi labial nuevo... y me río.
Sí, me acuerdo de vos: cuando te leo, en el punto de la i encuentro tu nariz, y en la a tu cara de manzana y en la t una tristeza larga y flaquita que se me escurre por dentro y me hace pensar que lo que más deseo es estar a tu lado, que cuando estás resfriada o tenés los ojitos de fiebre la que viene a trabajar es una mamá angustiada, preocupada, culpable de estar lejos.
El corazón de los hijos puede latir sin que la mano de mamá le dé cuerda. Pero el corazón de las mamás no puede latir sin el amor de los hijos.
Y si vos me extrañas, si vos pensás en mí cuando estás viviendo tu días de mujer adulta, mi corazón crece, crece, se hace de magia y canto y es más que todo: el corazón del mundo.
No sé en que momento creciste, pero yo crecí con vos... un nuevo cumpleaños y un color más en el arco iris... noviembre es mi mes de agradecimiento, festejo tu cumpleaños y miro al cielo, una estrella me saluda, y sé que ella lleva su nombre...noviembre me dió el regalo más sublime.
Y me adelanto al día domingo con ésta sonrisa de.....Feliz cumpleaños hijas!, a vos que tenés el sol en los pies, y a ella que habita la mejor de las estrellas.